numerosas figuras femeninas de máxima autoridad.
Tal es el caso de Boadicea o Boudicca, gobernante de los Icenos. Fue aceptada como líder guerrera por tribus del sur de Britania en el año 61 de la era cristiana, rompiendo las filas de la legión IX, a quienes ella había jurado expulsar de los campos de las Islas Británicas. En cornish, su nombre significa "la victoriosa" y se dice que su diosa mas querida era Andastre, a quien rendía culto antes de batalla. Hoy en día, se la puede ver representada en numerosos museos históricos, bajo el estandarte de una bella mujer de fuerte complexión, sujetando una lanza con puño fuerte. Un voluminoso torque rodeando su cuello y melena rojiza hasta la rodilla, ondeando como una orgullosa bandera. Pero Bowdycee, no era un caso aislado de gobernantes femeninos. En efecto Tácito dice en sus anales: "No es la primera vez que los britanos han sido conducidos a la batalla por una mujer"

Las leyendas celtas apoyan la idea de las mujeres como guerreras ya que reinas-guerreras, aparecen en muchas de sus historias. Historias entre las que destaca Medb de Connacht, que condujo a su ejercito y mató personalmente al héroe Cethren en combate.
Scáthach, una campeona guerrera y principal instructora en cuestiones bélicas de Cuchulainn. Su hermana Aoife, era otra famosa instructora de armas, y a pesar de lo grande que era el héroe Cuchulainn, cuenta el mito que este tuvo que recurrir a las artimañas para superar su destreza.

Volviendo a la historia, encontramos a Cartimandua, apodada "el pony elegante". Gobernante de los britanos (c 43-69 d.c), contemporánea
de Bowdycee. Surge como una personalidad fuerte y decidida, casada con Venutios, el cual intentó arrebatarle el reino. Ante este intento Cartimandua, se divorció de el y se caso con su auriga Vellocatos.
En lo referente a la suerte de Venutios, Se sabe que encabezando una
partida de disidentes, fue derrotado finalmente por el gobernador
romano, Pertilio Cerial, alrededor del 72 d.c.
Otros relatos, hacen alusión a la jefa gala Onomaris, que condujo
a las tribus celtas en su marcha hacia iberia.

En escritos recogidos tanto por Tácito, como por Plutarco (c 46 - c 120 d.c) llega la historia de otra destacada mujer: Eponina, cuyo nombre remite a la diosa Epona y quizás ella fue una sacerdotisa de su culto. El marido de Eponina, Julio Sabino de los ligones, tomó parte en la
insurrección gala del 69 d.c. Cuando el levantamiento fracasó, Sabino lo dispuso todo para que pareciese que se había suicidado y eludir así a sus perseguidores romanos. Eponina, lo escondió, pasando a escondidas ropas y comida para el durante nueve años, mientras al mismo tiempo, buscaba la manera de obtener para su marido el perdón de Roma, yendo incluso a la propia capital del imperio para defender su causa. Cuando finalmente Sabino fue capturado, el emperador Vespasiano los ejecutó, tanto a él como a esposa Eponina.

Plutarco, también cuenta que el historiador Polibio, conoció y hablo
con Chiomara, esposa de Ortagión, jefe de los tolisboios, que
aglutinaron a los celtas gálatas en un poderoso estado contra Roma.
Cuando se produjo la invasión de Gneo Manlo Volso en 189 a.c.
Chiomara fue capturada por sus enemigos y un centurión abusó de ella. Luego, el centurión se dio cuenta de que era una mujer de alto rango
y pidió un rescate, que Ortagión accedió a pagar. El intercambio iba
a tener lugar en la ribera de un río, lugar siempre significativo en
la tradición celta. Pero mientras el centurión estaba recogiendo su
oro, Chiomara lo decapitó, llevando la cabeza del romano, ante su
pueblo. El informe griego de su conversación, según el Dr. Rankin,
conservaba expresiones celtas genuinas, sabias aunque ligeramente
desconcertantes:
"mujer, buena cosa es la buena fe"
"Algo mejor, solo es, un hombre que haya sobrevivido, tras copular
sin consentimiento mío".

Plutarco, narra otra historia, de una celta en Galacia, de la que
se sabe que era claramente una druída: Camma, sacerdotisa
hereditaria de la diosa Brigit. Estaba casada con un jefe llamado
Sinatos, que fue asesinado por un tal Sinorix, para después obligarla a casarse con el. Pero como la ceremonia de boda, implicaba
beber de una misma copa, la druida, decidió poner veneno en ella.
Evito las sospechas de Sinorix, bebiendo ella primero y aceptando su
propia muerte, para obtener a continuación la de quien seria su
esposo, vengando también la muerte de quien había sido su verdadero
compañero.

Macha Mong Ruach, "Macha del cabello rojo", hija de Aed Ruadh, se
convirtió en reina de Irlanda entre 337 y 331 a.c.

Otras mujeres gobernantes, aparecen el los textos irlandeses y
galeses, al igual que las reinas imaginarias del otro mundo, como el
historiador Markle, ha señalado en su libro "la mujer celta": eran
símbolos propios de una actitud mental dificil de desarraigar del espíritu celta matriarcal.

Tácito, menciona que en la Isla de Mana (Anglesey), las mujeres
corrían entre los guerreros, llevando vestidos funerarios, el pelo
suelto y portando antorchas. Tácito no dice que aquellas mujeres fuesen
druidas, pero mas adelante, menciona a "una profetisa" de los
bucteros, según el, una tribu "teutónica" que se llamaba Veleda, en
tiempos de Vespasiano (69-79 d.c). Es descrita como la que gobernaba
un amplio territorio, donde su nombre era venerado (Veleda, al mismo
tiempo era un oráculo de Germania). Hay que disculpar, la torpeza
que tenían los romanos, a veces para diferenciar entre tribus celtas
y germanas. Por extraño que parezca, la propia palabra "teutón"
procede de la palabra celta para tribu "tuath" en irlandés.
Veleda, era una personalidad política y fue elegida, junto a Claudio Civil, para arbitrar entre los tencterianos y los agripinianos de
orillas opuestas del rhin. Tácito, dice que a ningún embajador romano, le era permitido ver a Veleda en persona. Para aumentar la veneración que profesaban a su persona, todo acceso a ella era denegado. Residía en lo alto de una majestuosa torre y un pariente cercano, elegido a tal efecto, le transmitía varias preguntas, a lo que ella desde el santuario, emitía las respuestas como un mensajero que mantuviese tratos con los dioses.

Tácito, en su Germania, en la que confunde claramente a celtas y
germanos, menciona a los druidas:
"- Hay en mi opinión, algo sagrado en el sexo femenino, y es el
poder de prever los acontecimientos futuros. Sus consejos son por
ello siempre escuchados y considerados. Hemos visto durante el reinado de Vespasiano, a la famosa Veleda, venerada como una divinidad por sus ciudadanos. Antes de ella, Aurinia y otras fueron tenidas en igual veneración..."







